Lugares olvidados del turismo

paulasanchez Por paulasanchez El 28 de septiembre de 2012

Despoblación, propiedad privada, aislamiento,… infinidad de motivos que pueden hacer que un monumento o antigua construcción con un valor histórico – cultural caigan en el más completo olvido. En algunos casos, el manto del paso del tiempo ha hecho que queden en lejos en la memoria y no ganen el peso que se merecen con el transcurso de los años.

Algunas regiones tienen más a sumergirse en este olvido que otras, ¿motivos? Varios, desde despoblación de las áreas a aislamiento físico pasando por leyendas e historias que les suelen otorgar un cierto halo de misterio macabro que ejerce de escudo ante quienes se plantean visitarlos. Estos hechos se producen por todos los rincones de la península, sin embargo, en algunos la situación es algo más proclive que en otras áreas.

Encontramos sitios abandonados en todo el mundo, algunos más fascinantes que otros, pero todos con esta capa romántica de lujo hundido y de decadencia humana. En algunos la naturaleza ha reconquistado lo que antes era suyo, otros fueron abandonados tan precipitadamente que da la sensación que en cualquier momento aparecerá el dueño y te dará un susto de muerte.

Uno de los puntos donde podemos ver la omnipresencia de este tipo de construcciones es en el Pirineo aragonés, especialmente en la zona de Anzánigo, Riglos, San Juan de la Peña,… En una zona así, se hace indispensable el vehículo propio o alquileres de coches que nos permita movernos por una zona donde, como podía ser de esperar, el transporte público no es su mayor fuerte.

Cerca de Madrid, en Guadalajara, encontramos una antigua construcción tan llena de historia como olvidad por esta. Sorprende que en las cercanías del mastodonte de cemento que es la comunidad capitalina, se puedan encontrar rincones como este, en la provincia de Guadalajara. Es aquí donde encontramos el Monasterio de Bonaval, el cual, desde su paso a manos privadas ha caído en el olvido. El motivo principal es el desinterés mostrado por una familia que ni lo restaura, ni lo cede para que el organismo público lo haga… Una auténtica pena de origen cisterciense, cuya primera piedra se puso en 1.164.

Así que si te has cansado de lugares clásicos, prueba este tipo de turismo, ¡seguro que te encantará!